La Donzell d'Urgell

"Subiendo hacia la Donzell d'Urgell (o Donzell, como algunos manifiestan), he gozado de una belleza que me ha cautivado. El nublamiento del cielo y la tonalidad de su luz han hecho que este pueblo y las tierras de su entorno cogieran una tonalidad densa, matizada... que me han hecho exclamar: ¡Qué belleza!
Después, como creado por dedos de hada, se han rasgado las nubes, y los rayos del sol han salido generosamente dando su beso más suave a casas, tierras y hombres.
No había subido nunca hasta la Donzell, pero después de gozar de esta belleza, pasear por sus calles, que transmiten historia por todos lados y hablar tan amablemente con su gente, no dudo que volveré más de una vez."
(Fets, Costums i LLegendes de Joan Bellmunt i Figueras, traducido al castellano)
Información del pueblo
El pueblo de la Donzell se encuentra en un turón de la sierra de Montclar a 560m de altitud. La visión que se nos ofrece es realmente maravillosa y espectacular: mirando hacia el mediodía vemos el plano de Agramunt, con el valle del río Sió y aún más atrás la torre de vigía de Almenara. Hacia el norte la espectacular sierra del Montsec que reina en el horizonte.
La Donzell, todavía hoy, mantiene sus características originales de vila cerrada y para entrar dentro del núcleo de población se ha de hacer por una de las dos puertas que dan acceso desde el lateral, donde se encuentra la iglesia de Sant Pere. Antiguamente estas portaladas que dan acceso al núcleo estaban cerradas cuando llegaba la noche y nadie podía entrar ni salir del pueblo durante las horas nocturnas, salvo excepciones puntuales.
El último toque de campana al anochecer era la señal del cierre de las puertas y el toque del ángelus que se hacía a punta de día, indicaba la señal que se abrían y de que se podía salir a trabajar en los campos.
Encima de una de estas portaladas, se puede ver una báscula de tributos romana, en recuerdo de tiempos pasados. Ésta era la antigua báscula municipal y servía para pesar los productos que la gente vendía o su pago en especias, al no tener dinero por pagar el diezmo al Señor del Castillo.

La experiencia
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Penetrar en la Donzell es sumergirse en tiempos medievales donde una vez dentro se goza de calles estrechas y encantadoras con balcones coloridos por geranios y margaritas, placetas vividas, pasos cubiertos y rincones típicos que nos darán el regusto medieval suspendido en el aire. Las plazas son dos: la placeta y la plaza mayor, un poco más grande que la anterior. Dos calles recorren sinuosos todo el pueblo: el carrer d'avall (calle de abajo) y el carrer estret (calle estrecha). Todo el conjunto es una delicia y nos ofrece una belleza tranquila y serena.
Este pequeño pueblecito de las comarcas de interior es donde el silencio, el reposo y la contemplación encuentra su espacio natural. |
Un poco de historia
El año 1032, el límite septentrional de un "Guansero" que llegaba al rio Sió era la "guardia de Ledoncelo" que, por su situación se cree que es este lugar. Durante buena parte del siglo XI fue una tierra despoblada y disputada entre cristianos y sarracenos, una zona con pasado lleno de conquistas y reconquistas, una tierra fronteriza en la que destacan la gran cantidad de castillos..
El término de Donzell fue conquistado por Armengol IV en el 1190 dónde ostentaba la señoría Ramón de Sedó, que con su mujer dejaron el castillo a su hija Berenguera, casada con Ramón de Camporrells (junto con el castillo de Mafet).
Documentado el castillo de la Donzell en el 1190 (en el testamento), se nombra otra vez en el 1328. Cuando Jaume II dió el condado de Urgell a su hijo Alfonso se vuelve a mencionar, y en el 1462 cuando pertenecía a Joan de Casaldàliga, ciudadano de Lleida. En aquella época Donzell figuraba con 11 fuegos (casas), dentro de la veguería de Lleida.
El pueblo se convirtió en el centro de la baronía de la Donzell, que a mediados del siglo XVII fue comprada, juntamente con Rocabertí, por la poderosa familia Solà. A la entrada del castillo se puede ver el suelo de Blasó.
A mediados del siglo XVIII era señora de la Donzell y Tudela Maria Helena de Lanuza, mujer del marqués de Dosaigües, pero en el fin del antíguo régimen era de nuevo de los Solà.
Es en el siglo XX, después de la Guerra Civil, cuando Donzell, al morir muchos de sus herederos y debido a la dura vida del campo cuando empieza a despoblarse. En el 1970 el pueblo se incorpora a la vila de Agramunt y actualmente estamos censados 43 personas.

Leyendas
La leyenda que llega hasta nuestros días, transmitida oralmente durante siglos nos habla del castillo y del pueblo de la Donzell, que vendría del nombre Donzella.
"Nos dice la leyenda que, el señor de Montclar, era uno de los más bravos guerreros que la historia nos ha dado. Su encarnecida lucha contra los sarracenos, y sus victorias incesantes, le dieron una aureola de grandeza y señorío entre las tropas cristianas y, por contra, un acentuado y real temor entre los sarracenos, los cuales, si sabían que al frente de las tropas cristianas iba el señor de Montclar, temblaban.
Los prisioneros que hizo en sus batallas se habían de contar por centenares de centenares; no había duda de que era el terror viviente de los árabes, almenos así lo hemos de deducir por lo que todo el mundo cuenta y por sus obras.
Tantos y tantos prisioneros llegó a hacer que no cabían dentro de su castillo, donde residía, por lo que decidió que ya que estaba en posesión de dos castillos más, utilizarlos como lugar de reducción de los sarracenos que caían en sus manos. Fue de esta manera como utilizó ambos castillos como prisión, con lo que uno le servía para cerrar a hombres y muchachos y el otro a las mujeres y doncellas.
Con el tiempo, y debido al hecho explicado, ambos castillos recibieron los nombres respectivos de Castell de les Donzelles (o de la Doncella, ya que había como prisionera una bella joven sarracena hija de un cabdil) y Castell de les Puelles, nombre que más tarde extendieron a dos poblaciones que, con motivo de los castillos surgieron a su alrededor y que aun hoy subsisten no muy lejanos del pueblo y del castillo de Montclar donde residía el bravo y generoso señor, terror de la morisma en nuestras tierras".

Lugares de interés
La Donzell tiene un monumento a la mujer trabajadora que representa una mujer yendo a buscar agua. Éste es un lugar donde en épocas de sequía, se debía ir a buscar agua al canal del Urgell, y esto representaba una hora de camino. El agua directa no llegó hasta el 1965.
La iglesia parroquial está dedicada a Sant Pere. Tiene una sola nave y campanario de torre cuadrada. Fue reformada alrededor del siglo XVII, en tiempos pasados la fiesta mayor era para Sant Pere, pero desde hace muchos años se celebra en honor de Sant Roc.
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La ermita de Sant Roc, fue levantada para venerar a este santo al cual se encomendaron los antiguos habitantes de la Donzell cuando se vieron afectados por el ciclo de la peste y del cólera. A cambio, le prometieron hacer una fiesta en su honor si el pueblo se veía libre de aquella plaga y, como así fue, según nos ha llegado a través del tiempo, el pueblo, aún hoy, hace una fiesta en su honor en agosto.
La imagen de Sant Roc está en la ermita, pero el día de su fiesta la llevan en procesión hasta la iglesia. Una vez allí, permanece durante ocho días, entre el pueblo. En el templo, la gente tiene costumbre de ir a hacer plegarias y a darle las gracias. |
Transcurridos los ocho días, y en solemne procesión, se pasea por las calles del pueblo y se devuelve a la ermita, donde queda durante todo el año. Así pues, como hicieron los antepasados que pasearon el santo por las calles, hoy, recordando ese hecho, se conserva la tradición.
El goig de Sant Roc dice:
Déu vos salve, Roc santíssim de noble generació, sellat amb la Santa Creu, en vostre cos preciós.
Als apestats i malalts essent pelegrí ditxós, curàreu amb el contacte per vostra santificació.
Déu vos salve Roc angèl.lic que amb vostres deprecacions, sou contra la pestilència divinament poderós.
Molts en viles i ciutats d'aquest contagi mortal per Vós estan deslliurats i lliures de semblant mal.
Puig tenim tal advocat fent dels pecats penitència: per ell,la Donzell és deslliurat del contagi i pestilència.
Cuando se construyó el campanario de la iglesia, el pueblo no disponía de las posibilidades económicas para hacer realidad aquel proyecto. La gente, debido a fuertes sequías, no había tenido los ingresos necesarios que permitieran poder mantener a la familia y desprenderse de una parte para destinarla a la construcción del campanario. Con este panorama, la cosa no se veía muy clara para que llegara a un final feliz.
Pero sucedió que un poderoso señor propuso que él se haría cargo de todos los gastos de la construcción del campanario si la Donzell aceptaba pagar un diezmo. Es decir, de cada 10 garbes que se hicieran en cada casa del pueblo cuando segaran, una sería para él hasta que estuvieran pagados todos los gastos de los cuales él haría frente de ahora en adelante.
El pueblo aceptó esta propuesta, ya que era la única manera de poder construir el campanario e irlo pagando entre todos con unos años de margen. Así se hizo y desde ese momento se comenzaron las obras por un lado y, se pasaba por las eras y los campos a la hora de la sega por otro, a fin y efecto de cobrar el impuesto aceptado del diezmo.
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Lo que sucedió con los años, fue que el pueblo pensaba que ya había pagado el importe de lo que costó el campanario, pero el señor decía que aún faltaba, sin dar cuentas ni explicaciones. Así fue como el pueblo se negó a continuar pagando una cosa que, según ellos, ya habían amortizado totalmente con los años que pagaron el onzé, y decidieron recurrir a los tribunales para dejar de pagar el impuesto.
Haciendo cálculo de los años y de cuanto habían aportado cada uno de ellos durante aquellos años, el tribunal dio la razón a los ciudadanos eximinlos de continuar pagando el diezmo. |
Así el pueblo dejó de pagar, y para conmemorar la sentencia de aquel hecho, en la plaza mayor del pueblo se colocó una placa conmemorativa, en la cual se puede ver: Plaça de la Redempció.
Recomienda Cal París!
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